A cuartos por cuarta vez

Juan Ribón por Juan Ribón @ribju - 4 +11k

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Edin Dzeko ha metido a la Roma en cuartos por cuarta vez en su historia. EFE

A cuartos por cuarta vez

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La Roma ha logrado remontarle la eliminatoria al Shakhtar gracias a un solitario gol de Edin Dzeko. El partido fue como una partida de ajedrez, y quedó claro que pasaría el que no cometiera errores. Y ése fue el equipo de Eusebio di Francesco.

Se plantó el Shakhtar en el Olímpico a defender el 2-1 de la ida, y durante 52 minutos lo hizo a la perfección. Porque Paulo Fonseca no 'plantó el autobús'. Todo lo contrario.

El Shakhtar hoy fue el mismo equipo de juego alegre con el que tanto se disfruta. Defendió el resultado sin renunciar al balón, haciendo que la Roma fuera quien persiguiera el esférico, quien pelease por él.

Una apuesta un tanto arriesgada, porque más que marear a la Roma con la posesión, lo que hizo el Shakhtar hasta el gol de Dzeko fue tentar al rival con el balón. Obligarle a presionar más allá de lo razonable para abrir espacios.

Eso propició que en alguna ocasión la Roma le arrebatase el esférico y se lanzase al ataque, pero fueron más bien pocas.

Los primeros minutos fueron de la Roma, sin embargo. El conjunto local, aprovechando el factor campo, quiso intimidar a su rival con un gol tempranero, pero la jugada no le salió bien.

Al contrario. El Shakhtar no se sintió abrumado y le arrebató sin demasiados problemas la batuta. En poco más de un cuarto de hora, los 'mineros' ya habían dispuesto de cuatro saques de esquina, si bien Alisson apenas fue exigido por sus compatriotas en el ataque ucraniano.

Pyatov parecía por momentos que estaba de vacaciones en Roma, pero cuando le tocó intervenir, lo hizo para abortar el peligro a las mil maravillas.

Así pues, fueron pasando los minutos, poco a poco pero volando a la vez. Las ocasiones se sucedían, por una razón u otra, y el Shakhtar rozó el gol de la tranquilidad cuando a los 32 minutos Federico Fazio se confió ante su compatriota Ferreyra y perdió el balón ante la presión del delantero rival.

Por suerte para la Roma, el central argentino se recompuso y molestó al atacante lo suficiente para que su disparo no viera puerta. Fue el toque de atención que necesitaba la Roma.

La segunda parte siguió el mismo guión, dejando claro que o bien los cambios, o bien un error marcarían la diferencia en la Ciudad Eterna. Fue lo segundo.

Strootman recibió en tres cuartos de cancha, se giró y dio un pase a la espalda de la defensa para que Edin Dzeko batiese por debajo de las piernas a un Pyatov que no protagonizó la mejor de sus salidas.

¿Y dónde está el citado error? En el fuera de juego tirado, pero roto por Butko, que propició la posición legal del atacante bosnio.

El gol romanista cambió el escenario por completo. Ahora era era el Shakhtar el que necesitaba el gol, pero tardó en parecer darse cuenta de ello.

La Roma aguantó, y siguió dejando que el Shakhtar jugase, pues ahora sabía que su baza iban a ser los contragolpes. Así tuvo dos, tres ocasiones clarísimas, pero Dzeko primero y Gerson más tarde fallaron a la hora de convertirlas y dar de paso la tranquilidad al Olímpico.

El Shakhtar terminó de complicarse la vida cuando en el minuto 79 Ordets, siendo el último defensor, se vio obligado a agarrar a Dzeko por la cintura para evitar que se plantase solo ante Pyatov. Undiano Mallenco, tras consultarlo con su asistente, le expulsó.

La roja directa crispó los ánimos del Shakhtar, y se formó un pequeño tumulto después de que Facundo Ferreyra diese un soberbio empujón a un recogepelotas que mandó al chaval por encima de la valla publicitaria.

Daniele de Rossi, como capitán de la Roma, 'tifosi' del equipo y recogepelotas en el Olímpico de pequeño, se fue directo a por el argentino. La cosa no fue a mayores y sólo Ferreyra fue amonestado, pese a que a Taison se le fue la mano con un rival.

La  roja, en vez de tranquilizar a la Roma, la puso más nerviosa. Como si verse tan cerca de la clasificación le diese vértigo. El Shakhtar parecía que era el que jugaba con uno más.

La Roma se encerró en su campo, en su área. Strootman se desgañitaba para sacar de la trinchera a los suyos, pero el Shakhtar seguía y seguía percutiendo.

Miles de corazones sufrieron un pequeño infarto cuando en el tercer minuto de un interminable añadido de cuatro, Ismaily dejó atrás a Florenzi y Gerson y logró poner un centro tenso al área que por centímetros no remató en boca de gol Dentinho.

Se salvó entonces la Roma, y la Ciudad Eterna respiró. Undiano pitó el final, y toda la euforia contenida tras el gol de Dzeko terminó de estallar. Porque la Roma, sufriendo como pocas veces, había lorgado meterse por cuarta vez en su historia en unos cuartos de final de la Liga de Campeones.

Juan Ribón

Juan Ribón

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