Las cosas, si se consiguen de manera fácil, no saben igual. Con una pequeña dosis de sufrimiento, la recompensa sabe mucho mejor. Y si ese sufrimiento está cerca de convertirse en calvario, entonces el goce es completo, sobre todo en un Atlético de Madrid que volvió a demostrar que cuando más disfruta es cuando tiene la espada de Damocles sobre la cabeza. Pendía de un hilo su continuidad en la Champions League, pero el instinto de supervivencia del cuadro del Metropolitano apareció para dejar con la miel en los labios a un Oporto que, quizá, fue mejor a los puntos, pero su rival venció por 'k.o.'. Y eso que la cosa no pintaba nada bien.
El Atleti se jugaba la vida, sí, al igual que su rival, pero durante la primera parte que el encuentro era un mero trámite para un cuadro 'colchonero' que a duras penas generó fútbol y ocasiones pese al once tan ofensivo que presentó Simeone, con Carrasco ocupando el carril izquierdo junto a Lemar y con la dupla Griezmann-Luis Suárez en la punta del ataque.
Con mucho temple y ganando metros con el paso de los minutos, el Oporto fue el único equipo que se personó sobre el terreno de juego de Do Dragao en los primeros 45 minutos. Pese a ello, la ocasión más clara de este periodo fue de un equipo rojiblanco en el que ni Griezmann ni Llorente andaron acertados para culminar una gran acción personal de Carrasco, el mejor de los visitantes en este primer acto.
El dominio del Oporto, sin recompensa
Por si el juego no diera suficientes problemas al Atleti, las malas noticias en forma de lesión también le acompañaron durante este choque. En una semana decisiva, Luis Suárez tenía que marcharse antes de cumplirse el cuarto de hora al banquillo por un problema muscular. El charrúa, sabiendo que el derbi asoma en el horizonte y consciente de la importancia del duelo europeo, se marchó del campo entre lágrimas de impotencia.
Visto lo visto, el 0-0 era un premio más que suculento al descanso para un Atleti al que salvó en dos ocasiones un Oblak que mantuvo con vida a su equipo en los peores momentos. Cada parada suya cobraba mayor importancia con el paso del tiempo, ya que el conjunto 'colchonero' seguía estando a un gol del pase gracias al empate que en esos momentos se daba en el Milan-Liverpool.
Pese a que las noticias no eran del todo malas por lo sucedido hasta el momento, el comienzo de la segunda parte volvió a dejar en evidencia los problemas defensivos de un Atleti que estuvo al borde del precipicio. Tras un saque de esquina a favor, el oporto pilló a la zaga rojiblanca en paños menores al contragolpe. Taremi tuvo el 1-0, pero de nuevo Oblak se vistió de héroe para salvar a sus compañeros.
Todo hacía indicar que, de llegar un gol, sería para el Oporto, pero el fútbol no son matemáticas y tampoco entiende de lógica, algo que quedó claro cuando en un acercamiento aislado, tras un saque de esquina, Taremi rozó el balón de cabeza al tratar de despejar. El esférico le cayó a los pies a Griezmann, que sin esperarlo y casi sin querer mandaba en el segundo palo el balón a la red.
Del tanto de Griezmann al festival de rojas
Un tanto que fue un éxtasis rojiblanco completo, pues casi al unísono el Liverpool se adelantaba en Milán. De repente, el camino era casi cuesta abajo para el Atleti, pero Carrasco se empeñó en ponerle todavía más picante. El belga perdió los nervios y golpeó a Otávio tras un rifirrafe, lo que se tradujo en una tarjeta roja y en una trifulca en Do Dragao.
El colegiado Clément Turpin perdió las riendas del partido y el mismo se convirtió en un choque de auténtico frenopático en el que Wendell, sin tiempo para pestañear, también vio la roja por un golpe en la cara a Cunha. De regalo, poco después, Marchesín, portero suplente del Oporto, también se llevó una cartulina del mismo color de regalo.
Con este panorama y la temperatura por las nubes, el choque se encaminó a unos últimos diez minutos en los que el Atleti se puso entre ceja y ceja defender las acometidas del Oporto para certificar su pase. El mismo podía qudar garantizado si el cuadro del Cholo cazaba algún contragolpe ante unos 'dragoes' volcados. Y no cazó uno: cazó dos.
Con Griezmann como maestro de ceremonias, Correa, justo cuando se cumplía el 90', ponía al Atleti en octavos de final y poco después De Paul, con algo de fortuna, anotaba un 0-3 que ni el tanto de penalti de Sérgio Oliveira sobre la bocina pudo maquillar. Sufrió como casi siempre, pero es que el Atleti no sabe vivir sin sufrimiento. Ahora, con la tranquilidad de saber que su bola estará en el sorteo del 13 de diciembre, los pupilos de Simeone solo tienen una cosa en la mente: el derbi.