En Vallecas, hasta el final todo es posible. El pundonor va en su gen. Y ver al equipo de Iñigo Pérez reponerse a todo es admirable. Incluso ante el Girona de un Míchel que parecía caminar sobre las aguas cuando entraba por allí, pero en el deporte no puede haber piedad. El Rayo Vallecano no la tuvo, firmó una remontada exprés espectacular y se llevó tres puntos que saben a gloria.
Y como decimos, observar a Míchel sobre el césped de Vallecas entre aplausos y cariños es una experiencia. La muestra de que aún quedan reductos donde la memoria no es volátil, donde hay quien sí puede profetizar en su tierra incluso cuando llega a lomos del enemigo. El fútbol es mucho más que once tipos dando patadas: es tradición, sentimiento de pertenencia, amor, respeto... Y eso es lo que más le guarda esta pequeña Galia en la feroz Madrid a uno de sus vecinos.
Ocurre que cuando pita el árbitro, el fútbol se reduce a su lado más técnico y lo único que importa es aquello de los once hombres y meter la pelotita entre tres palos. Su ídolo iba a por tres puntos revitalizantes para un Girona que buscaba en Vallecas el consuelo a su eliminación de la Champions League. Pareció tenerlos en la mano, pero en este campo nunca hay nada definitivo. Resistir es una filosofía de vida.
Con un equipo repleto de rotaciones -hasta cinco cambios-, al Girona se le vio desdibujado ante un Rayo Vallecano que rebosó empuje. Con esa presión alta en bloque que arraigó Iraola y que heredó Iñigo Pérez, la 'Franja' no dejó respirar al conjunto gerundense y se fajó sus mejores ocasiones gracias a las pérdidas de su rival. Con algunos trances lógicos para respirar, pero dejó que hubiera muy, muy poco de ese equipo 'blan-i-vermell' letal.
Adri Embarba, Unai López y Sergio Camello hicieron trabajar a Paulo Gazzaniga en el primer tiempo con varios remates duros a por los que se tuvo que lanzar con reflejos felinos. Pero algo le tuvo que ocurrir en uno de ellos porque empezó a notar molestias en la espalda que le obligaron incluso a pedir el cambio. Un contratiempo feo para Míchel, que antes había perdido también a Blind por lesión. Con tal de no agotar otra ventana, el argentino se tuvo que aguantar entre gestos clarísimos de dolor al descanso. Por él entró Pau López.
Mejoró el Girona en la segunda mitad, con un Iván Martín más participativo, y aún más tras los cambios de Míchel dando entrada a Portu y Stuani. El goleador uruguayo fue clave para que el equipo blanquirrojo se pusiera por delante. Aunque Danjuma había dejado un par de carreras buenas, sin el '9' no hubiera probado Arnau Martínez el centro al área que en el minuto 58 supuso el 0-1. El lateral la colgó bombeadita al segundo palo y allí, ante la mirada de la zaga y de Batalla, Bryan Gil coló la cabeza para empujar el esférico a gol.
Puede que Batalla estuviera en disposición de hacer más ahí, pero poco se le puede decir con el final de partido que improvisó. También hay que darle mucho mérito aquí a Iñigo Pérez, que volcó de nuevo el campo a su favor con los cambios. Después de minutos de tanteo, el Rayo Vallecano empujó al Girona otra vez contra su portería y comenzó a combinar en salidas rápidas que pillaron a Francés o Juanpe en otro planeta en varias ocasiones.
Álvaro García fue un puñal. Revolucionó el partido por el costado izquierdo, donde también aterrorizó a Arnau, y firmó un doblete de asistencias para el héroe y MVP de la noche: Randy Nteka. El francés saltó al campo en el minuto 75 y en el 83' ya le había dado la vuelta al marcador. Fueron tres minutos mágicos en los que hizo dos goles, pero pudieron ser tres.
El empate lo encontró tras un barullo tremendo que, de no ser gol, habría sido penalti. Pau López dejó muerto un centro raso, Iván Martín lo intentó despejar y el balón fue directo a la mano de David López, que en ese momento se estaba girando. Iba para dentro, pero el bloqueo de voley desvió la trayectoria. Por ahí pasaba Álvaro García, que rescató el esférico y se lo sirvió en bandeja a Nteka para que hiciera el 1-1.
Justo a la siguiente, con Vallecas hecho una caldera y el Rayo con el pecho inglado, Nteka tuvo otro mano a mano que se le fue algo desviado, seguramente por el empujoncito al borde del penalti de Yangel Herrera. Pero no había problema: justo a la siguiente, otra carrera de Álvaro García hacia la línea de fondo, pase hacia atrás y ahí estaba de nuevo el ex del Fuenlabrada. 2-1, explosión de locura y un Girona derrotado.
Tuvo las suyas el conjunto gerundense aun así. Pero ahí llegó el tercer héroe, Augusto Batalla. El meta rayista arregló el entuerto del gol del Girona negándole al menos cuatro más en el añadido. A Stuani de volea, a David López en una doble atajada y a Portu en un mano a mano que había sido invalidado. Era el final canchero perfecto para rematar la remontada y darle más vida a este Rayo que ya le saca nueve puntos a la permanencia.