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Cristiano, storia di un grande amore

Pin Cristiano llevó en volandas a la Juve hacia cuartos. AFP
Cristiano llevó en volandas a la Juve hacia cuartos. AFP

Cristiano, storia di un grande amore

Una soberbia Juve, apuntalada por el Cristiano Ronaldo de las grandes noches de Champions, dio la vuelta a la eliminatoria ante el Atlético. Se lo creyó el equipo de Allegri ante la paupérrima versión del equipo de Simeone, sorprendentemente frágil en defensa y que no llegó a tirar entre los tres palos. Bernardeschi, sorpresa en el ataque, hizo un partido pluscuamperfecto.

Juve, storia di un grande amore. El himno 'bianconero' es una declaración de amor. Como lo es el vínculo de Cristiano con la Champions. No, aún no había comparecido el luso en su competición más romántica. Lo hizo a tiempo. A las puertas del infierno, tiró de los suyos con un triplete que coronó un planteamiento valiente y ganador. La Juve está en cuartos gracias a su líder. Ahora sí, la estrella brilla con fuerza. Cristiano, storia di un grande amore. 

Había llamado a la afición para llenar el estadio. Había pedido a toda su familia que fuera al campo. Le había dicho a Jorge Mendes que le acompañara. Sabía que algo iba a ocurrir. Y ocurrió. Un terremoto blanco y negro, un huracán italiano. Y un mapa del tesoro descubierto por el portugués y recorrido por un ejército intachable. 

Cristiano, sangre en los ojos, hambre insaciable, metió en 90 minutos el triple de goles que en todo el campeonato. Había firmado por la Juve para levantar otra Champions. Y ahora está a cinco partidos de ello. El binomio de su convicción con la fe de todo el equipo desarboló a un Atleti que nunca fue el Atlético. Fue un sucedáneo de sí mismo, once camisetas fantasmagóricas. 

La Juve huyó de la brillantez, el juego eléctrico. Invocó la épica desde el músculo, el método arcaico, el que siempre le funcionó a los italianos. Así que cambió los tanques por las catapultas. Y hundió así el área y la portería rojiblancas. Con un Allegri listísimo y una actuación coral irreprochable.  

Si se trata de jugar a rematar, Cristiano es el rey. El señor de los cielos. Su culto al cuerpo le permite ser un treinteañero atípico, sus huesos y sus músculos son de otra pasta. Y sus resortes, envidiables. En el cielo de Turín, allí donde se elevó con una chilena inolvidable para echar a la Juve, lo hizo con los resortes de sus gemelos. Dos saltos infinitos, dos cabezazos perfectos. Dos goles, la prórroga. 

El primero, elevándose sobre Juanfran, el segundo, imponiéndose sobre todos y empujando al gigante a Oblak hacia la cueva. Porque lo que parecía un paradón estratosférico del esloveno tuvo una vibración en el reloj del colegiado. La tecnología de gol no había visto el manoplazo, sino que el balón había rebasado la línea. Bendita tecnología, en directo nunca habría parecido que entrara con tanta claridad como se apreció en la pequeña pantalla. 

Bernardeschi, socio ideal

Pero la noche estaba escrita para la Juve. Cuando el tiempo reglamentario parecía una estación de servicio para la Juve y una entrada en 'boxes' para los de Simeone, Bernardeschi, que no hizo un triplete pero estuvo a la misma altura que Cristiano en cuestión de liderazgo e impacto en el juego, esquió en la frontal del área hasta que Correa se encontró con él. Ya se sabe, delantero defendiendo en área propia...

Los once metros transportaron al portugués y a Oblak a Milán. A aquella tanda de penaltis en la que el Madrid venció por segundo año seguido al Atlético. La oportunidad de redención del esloveno, que se tiró para donde no hizo aquel día. Esta vez, Cristiano cambió de dirección. 3-0 a tres para el final. Su bota derecha era el epicentro de otro seísmo. 

Gloria a la Juve, que fue atropellada en el Metropolitano pero se transformó en una apisonadora sobre los de Simeone en la vuelta. Gloria a Allegri, superado en la ida y maestro de ajedrez en la vuelta. Había dudas con la inclusión de Spinazzola en el lateral izquierdo, pero el joven resultó tan puñal como Cancelo por la otra banda. 

Y, en vez de tirar de Dybala y acumular cartuchos desde primera hora, encomendó la intendencia del ataque a Bernardeschi, una auténtica pesadilla. Dio el primero, forzó el penalti del tercero, imitó la chilena de Cristiano, rozó el gol de falta. Partido pluscuamperfecto del italiano; no a la sombra de Cristiano, sino cogido de su mano.    

Ni a la desesperada llegó a chutar entre los tres palos un Atlético que no es que estuviera gris, es que no encontró color. Ni a Griezmann, completamente náufrago y atado en corto. 

A la Juve, ahora sí clarísimo aspirante al título, solo le sobraron los gestos de Cristiano emulando a Simeone al término del partido y el teatro continuado de su lugarteniente, Chiellini, durante los 90 minutos. 

José L. Malo

José L. Malo

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