Transformando una pistola en juguete

El Arsenal no está entre los 8 mejores equipos de Europa desde 2010. La última vez que lo hizo... se cargó al Oporto. Pues bien, la venganza llegó 14 años después con el conjunto portugués transformando una pistola en juguete. El bando de Sergio Conceiçao jugó su mejor baraja y se rindió al golazo de Wenderson Galeno en el minuto 94 para firmar el 1-0 y la ventaja en la ida de los octavos de final de la Champions League. En cuanto a los ingleses... ni se llevaron las balas.
El cuadro de Mikel Arteta no supo disparar entre los 3 palos en todo el partido. Lo que lees. Las costuras se vieron en los 'gunners', que solo amenazaron la felicidad de Do Dragao a balón parado. La verticalidad y el juego divertido del que lleva presumiendo toda la temporada solo fueron memorias en el recuerdo. Y el colmo llegó en el añadido, cuando su rival le avisó de cara a la vuelta en el Emirates Stadium. No será un mero trámite de remontada y no tiene absolutamente nada que perder.
Las expectativas tienen esto. Si te haces demasiadas, te pegas el golpe. Los 'gunners' fueron de cristal. Dominando desde la posesión, pero sin saber domar a su rival. El reflejo de ello fue la tarjeta amarilla de Declan Rice. El '41' condicionó todo su partido a las primeras de cambio por una tontería. Se desentendió de la creación, Wenderson Galeno apareció de la nada y lo frenó por las malas. Tiene gracia porque apenas fue lo más destacado en los compases iniciales.
Es decir, las ocasiones se quedaron en el vestuario. Prefirieron el calor de las taquillas a la temperatura de la gran competición continental. Y sobre todo, en clave visitante. La idea ofensiva de Mikel Arteta, ante el planteamiento de los 'dragones', se rindió a las situaciones a balón parado. William Saliba y Kai Havertz tuvieron las suyas al filo del descanso, aunque sin peligro tangible. La que de verdad pudo cambiar el rumbo de la eliminatoria fue la de los locales. Surrealista.
El Arsenal acabó temiendo lo peor. Y con razón. Wenderson Galeno tuvo la más clara del partido antes del descanso. Francisco Conceiçao se las apañó para forzar el centro con su diestra. Gabriel Magalhaes despejó como pudo y con la mala fortuna de que le sirvió la volea en bandeja a su compatriota. El '13' la estrelló en el palo. Comprensible, pero lo que de verdad no tuvo sentido fue cómo mandó el rechace a la valla publicitaria. Con David Raya preparado para recoger el balón de su portería.
Por el bien del fútbol y del espectáculo, la reanudación debía dar un giro de tuerca. 180 grados. O, mínimamente, contar algo más correspondido a la ida de los octavos de final de la Champions League. La competitividad del Oporto sonrojó la versión del Arsenal, que paseó por un camino de rosas en la fase de grupos. Y en la 1ª gran cita de la temporada, las debilidades brillaron de lo lindo. Cuando buscó comprometer a los portugueses, se comprometió a sí mismo. Decepción a raudales.
Menos mal que apareció Leandro Trossard. En lo que pudo ser el gol de su vida, el belga se relamió con el regalo de Declan Rice desde la esquina. Hizo ver que se desentendió de la jugada... hasta que se desmarcó al 2º palo. Jugada ensayada de manual. Y su exquisita volea de diestra se marchó por encima del marco de Diogo Costa. No se celebró como el 0-1, pero sí la sensación de que era otra cosa. No el culebrón monótono y aburrido que se estaba presenciando en Do Dragao.
Aunque las buenas vibras ofensivas de Pepê y la amenaza goleadora de Evanilson resucitaron el ambiente. El proyecto de Sérgio Conceiçao no tiene absolutamente nada que perder en este punto del cuento. Solo puede ganar. Y el competir sin complejos ni presiones saca las mejores virtudes a pasear. No como los de Mikel Arteta, que empezaron a salvaguardar los intereses con la mente en el encuentro de vuelta en el Emirates Stadium. Ver para creer.
O eso esperaban hacer. Hasta que llegó lo que parecía imposible en la previa. El aliento del 'dragón' es tan profundo que acaba haciendo daño por un lado o por otro. Y si alguien estaba capacitado para cambiar el rumbo de la eliminatoria, ese era Wenderson Galeno. El que se estrelló con la madera en la 1ª mitad. Aprendió la lección y, en el minuto 94, se sacó un derechazo de la chistera y desde la frontal del área para hacer inútil la estirada de David Raya.
1-0 en el marcador y triple pitido final. El Oporto abrió la lata de los octavos de final de la Champions League transformado una pistola en juguete. La agradable sorpresa que compitió cara a cara con el Barcelona en la fase de grupos se lo dejó bien claro al Arsenal. O muestra su mejor cara en el encuentro de vuelta o adiós a Europa. El Emirates Stadium lucirá sus grandes galas como en los viejos tiempos gloriosos, pero que quede claro: no será un mero trámite.