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El fantasma del 'Pupas' engulle al ejército de Anfield

Pin El Atlético cayó ante el RB Leipzig. EFE
El Atlético cayó ante el RB Leipzig. EFE

El fantasma del 'Pupas' engulle al ejército de Anfield

El Atlético cayó con un cruel final, autogol de Savic a cuatro minutos para el 90', aunque fue superado por un RB Leipzig más valiente y convencido. Nagelsmann siempre pudo con Simeone, al que solo pudo rescatar temporalmente la osadía de Joao Félix, que forzó y marcó el penalti del 1-1. Dani Olmo, otro con estrella, había inaugurado la noche.

Simeone, bajo tormentas de juicios sobre la estética de su juego, dotó al Atlético de un carácter ganador histórico. De una fuerza indómita. Hubo momentos brillantes en la historia, pero nunca una versión como esta del equipo había animado tanto a la grada a sentirse vencedora. Sin embargo, el fantasma del 'Pupas' es una segunda piel, una maldición inseparable. Y reapareció en Lisboa, a cuatro para el final, en forma de autogol. Para mandar a casa al ejército que había plantado bandera en Anfield. 

Otro final cruel para el Atlético, que suma siete años seguidos en Champions pero no para de coleccionar bofetadas. Las finales perdidas contra el Real Madrid fueron las más dolorosas, pero al sopapo del 'hat trick' de Cristiano del año pasado le siguió este del RB Leipzig. Que duele más por el favoritismo, porque el cuadro invitaba a soñar, por el formato adaptado a su estilo.

Porque realmente los alemanes plantaron batalla y amasaron méritos, más allá de la luz que se les apareció en ese tiro de Adams que se iba fuera. El RB Leipzig no titubéo, no acusó falta de rodaje. Consiguió el partido que imaginó. 

Salió a ganar y eso hizo. Pero sucede que a mediados de la segunda parte, con 1-0 a favor, el brillo de Joao Félix brotó como ángel de la guarda para hacer sospechar que el desenlace iba a ser otro. El Atlético, nada que ver con su mejor versión, sucumbió siempre, aunque agarrado al clavo ardiendo de las botas de su estrella llegó a olvidar que no fue mejor que su rival

No hay que llevarse a engaños. La versión 'colchonera' en Anfield no fue la de un equipo superior. Pero si salió vivo de Liverpool fue porque supo sufrir. Porque Oblak estuvo coloso y porque, a falta de fútbol, tuvo inspiración en las botas de Marcos Llorente. Esta vez no hubo escudo ni espada: ni guantes mágicos, ni pulmones de sobra, ni un portero amigo enfrente. 

El fantasma del Pupas engulle al ejército de Anfield

Ciertamente, en el tablero ganó Nagelsmann. Su pizarra, más propia de un entrenador de baloncesto que de fútbol, reflejó su dinamismo habitual. Sus variantes tácticas, pero sobre todo un espíritu decidido, le permitieron dominar casi siempre y empujar al Atlético hacia su área. El técnico alemán, con su abrumadora juventud, fue mejor que el Cholo en lo que les diferencia, pero también en lo que les une: la capacidad de crear fe en los suyos. 

Claro que a los de Simeone no les duele eso de estar apilados y cerrados atrás. De hecho, se desquitaban la sensación de saberse dominados a balón parado. Lo remató prácticamente todo, como el Atleti original del Cholo, su versión más básica pero certera. Faltó puntería esta vez. 

También a los alemanes. Porque a la partida de ajedrez acudieron sin reina. Sin Timo Werner, todo parecía más fácil aún. La respuesta de Nagelsmann fue la de poner tres tipos arriba y un sistema muy ofensivo. Valiente. Simeone, con su fórmula habitual, apenas Héctor Herrera por el maltrecho Thomas, no fue el de Anfield ni el de los meses atrás. No fue reconocible. Ni enérgico ni activo

Sí lo fue Upamecano, líder de la zaga, insuperable en el cuerpo a cuerpo, osado saliendo de la zaga. Como Angeliño, astuto y veloz. Y lo fue también Dani Olmo. No por un partido coloso, porque no lo tuvo, sino por esa conexión que mantiene con Raúl González: aparece con estrella allí donde hay una bola peligrosa. Así, en el minuto 50, rompió la igualdad del electrónico de cabeza. No hace falta ser el más alto para marcar de esa guisa. 

El 1-0 volvió a poner en primera fila a los entrenadores. Nagelsmann dio la orden de mantener la actitud. Simeone llamó a Joao Félix, aunque probablemente la jugada estuviera ya programada pese al gol. Lo cierto es que tras la estela de magia con la que regó Neymar el césped de Da Luz, apareció sobre el del José Alvalade el maravilloso fulgor de Joao Félix. Pero su fútbol no es de tapete, es de calle. Su instinto para regatear, para saber dónde hacer daño, para pedir la bola, por fin dio una sensación de superioridad a su equipo. 

El fantasma del 'Pupas' engulle al ejército de Anfield

En 12 minutos, Joao pintó un nuevo cuadro. Apareció con una pared en la frontal, la primera del partido, y obligó a Klostermann a frenarle con penalti. A ver quién era el guapo que le quitaba su deseo de chutarlo. Lo marcó con fuerza y aplomo, lanzando a una esquina. Faltaban 20 minutos. 

El tiempo justo para que el entrenador o el jugador mediocre dude. ¿Ir a por el segundo? ¿Firmar una tregua hasta la prórroga? Abrazado al rebufo del portugués, el Atlético creyó saberse mejor. Pero el guion del RB Leipzig no cambió. Y quizá por ello las musas, por esa fórmula indescifrable del fútbol, porque va por días y caprichos, premiaron a los de Nagelsmann

Trippier, un agujero negro en la noche de Lisboa, desplegó su enésima alfombra para Angeliño. Con todos esperando el balón en el corazón del área, el incombustible lateral la puso en la frontal. Adams, recién entrado, disparó. Se iba fuera. Pero Savic, en su SOS para frenar el tiro, desvió el cuero y rompió la brújula de Oblak. Balón a gol con cuatro minutos para el final. 

El mazazo apagó el fuego de Joao Félix. El corazón no dio más que para colgar balones. Con Oblak al remate por dos veces. Con Morata rozando la bola. Pero ahí 'el Pupas' ya había hecho más daño que todo el ejército que conquistó Anfield.

Honores al RB Leipzig, a quien nadie le puede negar atreverse a soñar. Sobre todo si de aquí a las semifinales Nagelsmann se mete en el laboratorio para analizar dónde buscarle las cosquillas al PSG. Decían que esta Champions inesperada podía ser del Atlético, experto en historias raras. Pero por qué no ser la de un equipo que está a 90 minutos de la primera final europea de su historia. 

José L. Malo

José L. Malo

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