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El Madrid escapa casi campeón de un campo de minas

Pin Ramos metió un gol decisivo para el título liguero. EFE
Ramos metió un gol decisivo para el título liguero. EFE

El Madrid escapa casi campeón de un campo de minas

El Real Madrid, en el partido en que se encontró con su rival más rocoso desde la vuelta del fútbol, salió airoso merced a un inocente penalti de Olivera sobre Carvajal que Sergio Ramos transformó. Pese a que Bordalás supo anular a los blancos, la Liga está ahora con cuatro puntos de ventaja más el averaje.

El Madrid, que estaba metido en un campo de minas para el que no encontraba solución, acabó el choque con un trozo de Liga metido en el bolsillo. Inercia de ganador, sin duda, porque el Getafe sembró bastantes nubarrones en Valdebebas. Sobrevoló la sombra del resbalón, hasta que un penalti, este sin discusión, se disfrazó de rescate y lanzó otro mazazo sobre el Camp Nou, probablemente casi definitivo. 

Fue la historia de siempre el triunfo blanco, el sexto seguido en esta nueva normalidad, pero solo en el fondo, no en la forma. Durante 78 minutos, el Getafe fue capaz de mantener la chispa de la Liga más viva. Maniatando a los de Zidane, recordándoles que rivales de ese calado pueden anularle. Podría ser la flor o podría que ser que el Madrid siempre se guarda un puñetazo doloroso en cada combate

El equipo 'merengue' se topó con su rival más incómodo de la temporada posparón. Había sido dominado, incluso a veces zarandeado, en todos los encuentros salvo en campo del Espanyol. Pero siempre con esa sensación latente de que despertaría como una serpiente para dar el mordisco letal. Todo gracias a Bordalás, que agrandó su fama de buen estratega. Su única fuga, una acción inocente de Olivera, que cometió el penalti que trajo el gol letal de Ramos. 

No es que un empate hubiera sido un traspié muy doloroso (ni mucho menos habría sido injusto para un Geta muy meritorio), pero hubiera regado un poco la emoción del final liguero, que va camino de ser menos apasionante a como se había imaginado. El Barça, tras sus dos mejores partidos, solo pudo empatar; el Madrid, en sus días flojos, también gana

Sergio Ramos volvió a pagar la factura del triunfo. Lo de que sea un defensa goleador ha pasado de la anécdota a la trascendencia. Son 19 los penaltis que lleva convirtiendo consecutivamente. La 'Panenka' arriesgada fue tornando en la actual 'Paradinha' confiada; ambas igual de infalibles. Hay once metros de distancia entre el capitán del Madrid y la gloria. 

El Getafe salió a jugar con doble lateral, Nyom y Cucurella por delante de Damián y Olivera. Pero no para cerrarse, sino para poner una línea de presión agobiante y muy alta. Premio para Bordalás por su valentía (es el sello habitual) y premio a sus jugadores por aplicarla con buenas piernas.

El Madrid escapa casi campeón de un campo de minas

De hecho, durante muchos minutos el cuadro azulón fue mejor. No solo por frenar al Madrid, sino por no renunciar a buscarle las cosquillas. No tuvo que hacer ninguna parada escandalosa Courtois, pero no dejó de trabajar. Por cierto, de nuevo con esa sensación de muro infranqueable que destila y que le está acercando al 'Zamora'. 

Es es otra, el liderazgo tan pétreo que está forjando el Madrid rumbo al título. 74 puntos y 61 goles; no es un reparto habitual para un primer clasificado. Más aún en un equipo de Zidane. El intercambio de golpes ha evolucionado al poso y madurez de los partidos.

Sin muchas opciones de conectar con el ataque, Isco fue casi invisible y Vinicius, solo un par de ratos. En uno de ellos, David Soria tuvo que meter la manopla para salvar el 1-0. Con Varane sustituido por un pelotazo que le mareó, el auténtico protagonista del Madrid en el primer tiempo fue Dani Carvajal. Porque no faltó la dosis de polémica de cada partido blanco. Hasta tres penaltis reclamó el Getafe antes del descanso, todos ellos con el lateral blanco como protagonista. Parece que la flor de Zidane se ha mudado a la Sala VOR. Pura ironía que le hicieran al lateral blanco la pena máxima con la que ganaron los blancos. 

El 0-0 no habría sorprendido, aunque no sea un resultado habitual de un encuentro blanco. Más aún en un partido al que las continuas interrupciones impideron coger vuelo. Nueve tarjetas y 37 faltas tuvieron la culpa. Pero ese método parece que tampoco es el que puede frenar a este Madrid. A estas alturas, pocos creen que en España alguien pueda evitar lo inevitable: el cambio en el trono liguero. 

José L. Malo

José L. Malo

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