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La trágica vida de Karamoko antes del fútbol: guerras, secuestros, mafias...

BeSoccer por BeSoccer @besoccer_es - 0 4,289

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Una vida trágica hasta llegar a convertirse en futbolista. padovacalcio

La trágica vida de Karamoko antes del fútbol: guerras, secuestros, mafias...

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El joven futbolista del Padova Cherif Karamoko concedió una entrevista a 'La Gazzetta dello Sport' en la que desveló los detalles de una vida bastante trágica. Muerte de su padre, de su madre, de su hermano, un secuestro, naufragio, guerras... y solo con 19 años.

"Crecí en Guinea, en una ciudad desgarrada por los conflictos étnicos, especialmente en época de elecciones. Mi padre era el imán del vecindario y una noche otro grupo étnico atacó nuestra casa. Mi padre y mi hermano intentaban defender a la familia con las armas que tenían. Hubo un tiroteo. Mi padre moriría en el hospital tres días después y mi hermano huyó por miedo a ser interrogado", contó el jugador del Padova. 

Karamoko también tuvo que enfrentarse a la muerte de su madre: "Dos años después mi madre murió por una enfermedad y mi hermano volvió. Se había ido a trabajar a Libia para mandarnos dinero a mi hermana y a mí. Solía jugar al fútbol descalzo o con zapatos de plástico. Cuando se rompían ponía un cuchillo en el fuego y los fundía para repararlos". 

Además, desveló uno de los momentos más sobrecogedores de su infancia, cuando fue secuestrado. "El conductor se lo vende a las bandas, le hacen prisionero y le piden dinero a su familia. A mí me llevaron a una casa en la que comía un sándwich al día. Dormíamos sentados porque había demasiada gente y no podíamos lavarnos. Mi hermano trabajó para pagar 2.000 euros por mí", explicó. 

"El viaje de El Gatrum a Trípoli es extremadamente peligroso. Las calles estaban llenas de bandas que te golpeaban, te quitaban todo y te encarcelaban. He conocido a familias cuyos miembros han pagado cuatro veces para sacarlos. Personas que no tienen nada. A mí me costó dos o tres meses. Paramos unas semanas esperando a que las carreteras fueran seguras porque los conductores cambiaban de coche para no ser reconocidos y tomaban caminos pequeños por el desierto. Y a menudo meten a la gente en el maletero, incluso a tres o cuatro personas juntas", apuntó. 

Tras ser liberado, contó la historia del naufragio del barco en el que viajó junto a su hermano: "Mi hermano y yo fuimos juntos, el mar estaba revuelto y el barco tenía un agujero. El agua entró y todos querían alejarse del agujero. Comenzó una pelea por la caja con chalecos salvavidas. Antes de irnos lo habíamos cerrado diciendo que había uno para todos pero solo había cinco. La pelea hizo que la barcaza cayera". 

"Nos agarramos a la boya pero comenzó a bajar. Algunos vaciaron la gasolina en el mar para usar los barriles como retención, pero la gasolina quema la piel. Yo me la tragué. Y mi hermano me regaló un salvavidas. No pensaba en la vida o la muerte y me dijo que debía vivir y ser futbolista. Nos quedamos desde las nueve de la mañana hasta la tarde hasta que llegó la nave de rescate", añadió. 

Cherif Karamoko tuvo que enfrentarse en ese momento a la muerte de su hermano: "Llegamos a Reggio Calabria. Me dijeron que mi hermano murió. No tenía madre, padre, ni hermano, pero tenía a Dios".

"Durante los primeros meses dormí y comí mal, no fui a la escuela pero quería entrenar. A veces comía de los cubos de la basura. Un día organizaron una fiesta para los chicos de las cooperativas y conocí a Mimmo. Me dio dinero por primera vez, 20 euros. Me dio ropa, zapatos...", contó. 

Tras pasarlo muy mal, llegó a cumplir su sueño de ser profesional: "Tras nueve meses en los que solo entrenaba, comencé a jugar gracias al presidente del Primavera, Boscolo Meneguolo. Pensé que no era bueno pero me enseñaron las tácticas y ahora lo pongo en práctica". 

"Cuando comencé a entrenar con el primer equipo todos me dieron botas, sudaderas y me trataron como a un hermano. Vi que un par de botas de las que me dieron costaban 150 euros y recordé cuando reparaba los viejos con un cuchillo. Pensé que todas mis oraciones habían sido respondidas y lloré de alegría", sentenció el joven de 19 años. 

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