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Los invitados ganan

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El Madrid gana la Supercopa. EFE

Los invitados ganan

La fiesta del Barcelona y el Valencia acabó siendo la del Real Madrid, vencedor de la Supercopa de España 2020 por penaltis. Sergio Ramos resolvió desde los 11 metros una final que se fue encendiendo con el paso de los minutos. El Atlético se topó con un gran Courtois y su nulo acierto en la tanda decisiva. Fede Valverde, 'MVP' a pesar de su salvaje entrada que le costó la expulsión.

"Entre comillas, somos los invitados...", decía Ramos en la previa. Se refería el capitán blanco a la lógica evidencia de que dos equipos que no estuvieron ni cerca de ganar Liga ni Copa del Rey aspiraban a llevarse una Supercopa renovada y millonaria, importada por un país al que no le importan excesivamente los derechos fundamentales, entregada al mercadeo que se ha apoderado del fútbol. Así están las cosas en este momento. Cosas del fútbol moderno.

Paradójico lo de la Federación: en un mismo día es capaz de hacer coincidir su deseo de darle pátina de tradición a la Copa del Rey, equilibrando fuerzas entre modestos y grandes al eliminar el partido de vuelta, y la explotación mediática y financiera de un torneo que pervierte su razón propia razón de ser, que era medir a los dos campeones de un país (o al menos a los dos que más lo merecieron). Qué importa eso en un mundo en el que parece que solo vale generar, producir, ingresar; en un deporte tan contradictorio como el fútbol, donde se presumen de valores que a menudo quedan pisoteados.

Los invitados ganan, es lo que ocurrió. Pudieron hacerlo los otros asistentes por sorpresa, los esforzados chicos de Simeone. Pero el Atlético de Madrid que volvió a toparse con su inoperancia en el punto de penalti, máxime si enfrente se encuentra el Real Madrid. Las miras se desvían cuando desde los once metros el portero lleva un escudo redondo, blanco y con corona.

No fue un partido que hiciera afición, a pesar de la animosidad un tanto impostada que parecía vivirse en las gradas. Gritaban juntos supuetos seguidores de Atleti y Madrid, daba igual que estuviera el balón en juego. El nivel futbolístico no resultó excente, más allá de la portentosa actuación de Oblak y Courtois, sin duda los futbolistas más acertados de la noche. Claro que el primero se arrugó en la tanda y el segundo se hizo gigante.

Una tosca y fea primera parte, miedo a fallar en la segunda

Madrid y Atleti se repariteron las pocas ocasiones de la primera parte, también el dominio. Joao Félix pudo hacer el primero tras un mala cesión de Ramos, pero el luso la mandó fuera. Mendy casi sorprendió al esloveno con la derecha y Casemiro mandó fuera un cabezazo tras córner por pocos centímetros. Pare de contar.

El Madrid salió con ganas en la segunda mitad, y Jovic, desaparecido 45 minutos, confirmó que existe, que es humano. Tuvo dos ocasiones seguidas, abortada la primera por Felipe, no embocada a gol la segunda. Su tercera aparición fue para ponerle un balón a Valverde, que de forma incomprensible se remató a sí mismo en lugar de hacerlo hacia Oblak.

Modric iba y venía, dispuesto a comandar y decidir, pero afloraron los nervios con el paso de los minutos, las fuerzas menguaron, los equipos se partieron y las ocasiones se hicieron más notorias, que no elaboradas. La inercia mandó sobre el fútbol, aunque Courtois se mantuvo en su sitio cuando Morata lo tenía todo para fusilar y Thomas quiso marcar desde 35 metros con una falta en la que fue la última jugada del encuentro.

Tensión en la prórroga, penaltis para el Madrid

Madrid y Atleti se dejaron casi todo lo emocionante para la prórroga. El fútbol pasó a ser balón prisionero y sólo resistían Courtois y Oblak. El belga le paró a Vitolo un disparo clarísimo tras un contragolpe bellísimo, Oblak sacó puños de 'Mazinger Z' a Modric y Rodrygo. Nadie controlaba, el partido pasó a ser un despiporre, un sálvese quien pueda.

Luego llegó la salvaje entrada de Valverde, la roja, la refriega y el chichón de Morata, que no pudo tirar desde los once metros. Recurrente pesadilla para el Atleti, que tiró al palo y se encontró con su ex portero, Thomas sí cumplió. En el Madrid marcaron todos, incluso Ramos, que esperó turno como hacía Cristiano Ronaldo. Ya no está el portugués, pero lo que no ha cambiado es que Zidane sigue siendo infalible en las finales: nueve de nueve. El Madrid se coló en una fiesta que no era suya y terminó siendo el rey de la misma. Signo de estos nuevos tiempos. 

Ismael Touat

Ismael Touat

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