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Fallece Diego Armando Maradona

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Fallece Diego Armando Maradona. BeSoccer

Fallece Diego Armando Maradona

Se paró el corazón de uno de los miembros del Olimpo del fútbol. A los 60 años falleció Diego Armando Maradona y su muerte deja conmocionados Argentina y el mundo del fútbol. El balón se queda huérfano de uno de sus grandes genios.

Se le paró el corazón en su domicilio de Tigre. Nueve ambulancias fueron a su socorro, no era un corazón cualquiera. Pero no llegaron a tiempo de devolverle a la vida. Ha fallecido Diego Armando Maradona. Duele escribirlo, duele leerlo. Es uno de los días más tristes de la historia del fútbol. El balón se ha quedado huérfano. Lloran las porterías, los asientos de los estadios y hasta las piernas que segaron sus tobillos incapaces de frenarle. La iglesia maradoniana canoniza a su divinidad. Hoy todos los céspedes del mundo deberían teñirse de negro

Una hospitalización por un coágulo cerebral desencadenó el fin de un mito. Que se explica en sí mismo, en su legado de 12 títulos en 12 años, incluido un Mundial, y en un sinfín de distinciones individuales entre 1978 y 2019. Aunque su palmarés estaba repleto de intangibles, creó una forma única de entender el mundo del balón. Su huella fue la conquista de las retinas que lo vieron y los corazones que lo siguieron; el motivo de miles de tatuajes y de millones de sonrisas y lágrimas. 'El 10' se lleva sus ángeles y demonios allá dondequiera que ahora esté, aunque seguro que ahí ya tiene un balón bajo los pies o está contando alguna historia de su prolífico anecdotario. Salvó el primer jaque después de la hospitalización, pero unas semanas después se cerró la cremallera de su albiceleste sudario.

Se fue Diego, el malabarista de esa bola que parecía la del mundo en su 39 de pie, pero también de naranjas o pelotas de aluminio que bailaban en él con sus picaditas desenfadadas. Un tipo capaz de perpetrar en cuestión de minutos 'La mano de Dios' y el mejor gol de la historia del deporte rey, porque todo lo hacía a lo grande. 

Se va el cuerpo, no el alma. La leyenda cobra una mayor dimensión. Formaba parte del Olimpo de los astros, de los futbolistas más mágicos que ha visto el ser humano, y uno de los que más cerca estuvo de esa disputada etiqueta de mejor futbolista de todos los tiempos.  Ahora integra otro equipo de divinidades con Di Stéfano, Eusebio y Cruyff. Otra dura despedida también en el ámbito 'culé'.

Quedan como lápida millones de titulares de periódico en todo el mundo. Cientos de homenajes, especialmente en su país, donde su nombre siempre fue más citado que el de cualquier presidente. Incluso cuando Messi apareció para arrebatarle el foco, el Diego siguió en la pantalla con la eterna comparativa, como el fantasma enganchado al pie de Leo. Ahora también, a título póstumo, a modo de luto oficial.

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Se para el corazón en Villa Fiorito, en esas calles en las que aquel pequeño potrero imaginaba cientos de canchas y caños a los bancos. En el alma niña de Los Cebollitas, el grupo de amigos donde en lugar de títulos Maradona conquistó corazones y sus primeros récords. En los entretiempos de La Paternal, con ese circo del 'Pelusa' y sus filigranas que el público no quería que acabaran nunca, hasta que un 20 de octubre de 1976, con solo 15 añitos, empezó a escribir su historia. 

A La Bombonera, que es La Meca de lo maradoniano (quizá ahora la RAE reconozca este adjetivo, aunque sea a título póstumo), se le ha roto el alma. Allí donde cada piedra del estadio, cada azulejo, cada brizna del césped, es propiedad emocional de Diego. "Maradó, Maradó", el eco ya es eterno, porque irá del graderío al cielo y del cielo al graderío.

En el Camp Nou, que nunca redimió su deuda con él hasta que Leo Messi pareció reencarnarse en su '10', duele ahora la cicatriz de un romance que no cuajó, pero que dejó un reguero de regates inverosímiles, ardides de genio, golpes de historia en cada metro cuadrado del fútbol español, que con él entendió otra manera de dimensionar este deporte, también cuando tiró uno de sus últimos flotadores al fútbol desde el Sánchez-Pizjuán.  

Quizá ahora en los murales de Quartieri Spagnoli se confunda la humedad de las paredes con su llanto por el mito caído. El barrio de Fuorigrotta, el más divino por tener a San Paolo y a D10S, rezará por el astro que cambió la historia del club, que sustituyó la medianía por sus dos únicos 'Scudetti' de la historia y esa UEFA del 89 coronada ante el Sttutgart. 

La Selección Argentina pasa de 'Albiceleste' a 'albicelestial', aunque en este 25 de noviembre del odiado 2020 el negro predomine sobre el blanco. Y revive la silueta de Maradona ocupando todo el Estadio Azteca un 29 de junio eterno, cuando le dio a Burruchaga el gol del segundo y último Mundial. Cuando fue subido a hombros, y a los altares de Argentina, para mirar a la Copa Jules Rimet como si fuera la hermana de Dalma y Giannina. En una vuelta olímpica y eterna, porque siempre será 1986 gracias al 'Diez'. Todo un país, más de 40.000.000 millones, cabía en esas gradas en ese momento. Y ahora peregrinará anímicamente a cualquier recuerdo esparcido por todo el planeta fútbol.

También se marcha el Maradona más oscuro. El que coqueteó con un abismo de drogas y noche que le acabaron engulléndole. Que erosionó el mito y lo destruyó a él. Que fue siendo más portada que unos arabescos que cada vez se apagaban más en sus botas hasta la retirada. El Diego de perdigones a periodistas en la puerta de su casa, el que apenas era capaz de sostener una conversación de las que enamoraban, casi tan siquiera la mirada al frente, fue el peor rival al que se enfrentó Maradona. Ninguna de las sanguíneas patadas que acumularon sus piernas le hizo más daño que su propio diablo. El banquillo surgió como su último rescate. Pero ya era tarde. Su estrella no perdió el sitio que había alcanzado, sí su manera de hacerse fulgurante. Y ese paro cardíaco también lo sufrió el planeta fútbol al conocer la noticia.

Dejó de tocarla Diego. Ya no la tiene Maradona. Lo dejan de marcar todos. Ya no pisa la pelota Maradona. Nos arrancaron por la derecha al genio del fútbol mundial. ¡Eterno Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Es para llorar, perdónenlo. Maradona, en recorrida memorable, el jugador de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿A qué planeta te fuiste para dejar en el camino a tanto aficionado, para que el mundo sea un puño apretado gritando por el ídolo caído? Gracias, D10S, por el fútbol. Hasta por estas lágrimas de hoy.

José L. Malo

José L. Malo

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