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El partido en el hubo lluvia de piedras, quema de banderas y amenazas a punta de pistola

Fernando N. por Fernando N. 0 1,863

Pin Los aficionados del Dundalk la emprendieron a pedradas con sus rivales. Setanta
Los aficionados del Dundalk la emprendieron a pedradas con sus rivales. Setanta

El partido en el hubo lluvia de piedras, quema de banderas y amenazas a punta de pistola

Fernando N. por Fernando N. 0 1,863

Lejos del ambiente festivo que caracteriza a un buen partido de fútbol, en Irlanda no se respiraba ese ambiente a finales de los 70. Casi 40 años después, todavía se recuerdan los baños de sangre que protagonizó el conflicto del Ulster. El Dundalk-Linfield pasó a la historia como uno de los más violentos.

¿Se imaginan un panorama en el que dos aficiones que ni siquiera tenían rivalidad deportiva protagonizaran una de las batallas entre radicales más violentas de la historia con un partido en disputa?

Pues eso ocurrió cuarenta años atrás en el Oriel Park de Dundalk. La brecha entre católicos y protestantes, republicanos y unionistas, irlandeses y norirlandeses, causó esta 'guerra'.

Para los lectores que no sepan nada de los denominados 'Troubles' de Irlanda del Norte, se pueden resumir, malamente, en en un conflicto que empezó por el respaldo norirlandés y protestante a la corona del Reino Unido, a la que se oponían los irlandeses y católicos, fieles a su condición republicana. Este desacuerdo desembocó en la división de las dos Irlandas años después de la Primera Guerra Mundial.

Pongámonos antes de nada en situación. Una separación fronteriza divide a los condados católicos de los protestantes desde 1921. Desde entonces, hubo numerosos conflictos sangrientos con mayor o menor repercusión, que vieron su fin en el Tratado de Viernes Santo en 1998.

El conflicto alcanzó su punto álgido en los 70, sobre todo a finales. El azar quiso que Irlanda e Irlanda del Norte cayeran en el mismo grupo camino a la Eurocopa de 1980 en Italia.

Por suerte, no hubo demasiados incidentes en el marco del encuentro, salvo que los hinchas norirlandeses vistieron prendas que combinaban el rojo, el azul y el blanco, colores de la Union Jack.

No obstante, la provocación les salió cara. Al día siguiente, el Ejército Republicano Irlandés (IRA) atentó en el Aeropuerto Eglinton (Derry), causando graves daños materiales.

Llegamos al partido citado en el titular, la espectacular batalla que protagonizaron dos aficiones de países enfrentados. El sorteo de la previa de la Copa de Europa 1979-80 determinó un choque entre el campeón irlandés Dundalk y el norirlandés Linfield.

Pueden imaginarse las reacciones al partido que enfrentaría a ambos clubes, sin ninguna rivalidad deportiva, únicamente una enconada oposición ideológica.

El ambiente ya era muy confuso, y lo fue más al programarse una visita del entonces Papa Juan Pablo II a Irlanda para un mes después del partido. Este encuentro, que se jugó el 29 de agosto, tuvo unas vísperas muy poco recomendadas.

El 27 de agosto de 1979, el IRA asesinó al primo de la reina Louis Mountbatten, que se encontraba en un barco pesquero en Mullaghmore (Sligo).

Los paramilitares irlandeses colocaron una bomba de 23 kg en la embarcación. Además, fallecieron su nieto, la madre de su yerno y un tripulante de 15 años.

Por desgracia, ésas no fueron las únicas muertes que se produjeron en la previa del encuentro. Horas después de la explosión del barco de Mountbatten, el IRA asesinó a 18 soldados británicos.

Al día siguiente los protestantes contestaron, y la Fuerza Voluntaria de Ulster (UVF) ejecutó a varios católicos y disparó al cátolico John Hardy.

Obviamente, en el partido en Oriel Park entre Dundalk y Linfield, se daría de todo menos la tregua. La Policía Nacional Irlandesa, conocida como la Garda por su nombre en gaélico, no pudo contener a los radicales y terroristas que entraron al estadio.

En mitad del partido, los 'hinchas' del Linfield tumbaron la valla de 2,5 metros de altura que les separaba de los 'aficionados' del Dundalk.

Unos radicales protestantes treparon a la cúspide de Oriel Park para colocar una bandera del Reino Unido y quemar una bandera de Irlanda. Pero eso no fue todo.

Los unionistas no pararon de lanzar piedras al campo de juego y a la parte de los 'lilywhites' en prácticamente todo el partido. Incluso un jugador del Linfield, en concreto el defensa Terry Hayes, recibió una pedrada de su propia afición, pero el partido no se detuvo.

Tanto la Garda como Pat Partridge, el árbitro de aquel encuentro, eran conscientes de que el encuentro tenía que acabar sí o sí. La suspensión o el aplazamiento no era una opción.

Tuvo que hablar por megafonía un directivo del Linfield, Derek Corbett, para pedir que los radicales pararan de empañar la imagen del club. Pero los terroristas siguieron con su discurso. De hecho, con el gol de Feeney que supuso el 0-1, los hinchas invadieron el césped.

Al término del partido, que acabó en empate a uno, fuera del estadio, hubo más: la respuesta de los católicos. Piedras, latas, botellas…de todo recibieron los norirlandeses.

Incluso un republicano se situó delante de uno de los sesenta autobuses del Linfield, apuntando con una pistola a los viajeros, lo que fue la guinda de este pastel envenenado.

La UEFA multó con 5.000 libras al Linfield y con 800 al Dundalk. Además, la vuelta tuvo que disputarse en territorio neutral, en Haarlem (Holanda). Varias amenazas de bombardeo cayeron en saco roto, y no hubo incidentes reseñables. El Dundalk se impuso por 0-2 y pasó de ronda.

A los dos meses, la selección irlandesa visitó Belfast, y murieron casi veinte personas de ambos bandos, a cargo del IRA y del UVF. Venció Irlanda del Norte por uno a cero.

Las secuelas de estos conflictos internacionales, que no se quedaron en esto, siguen vigentes a día de hoy en el fútbol. El Derry City, en territorio norirlandés, juega la Airtricity League debido a que la mayoría de sus hinchas eran republicanos, y los clubes no querían viajar al Brandywell Stadium.

Se decretó lo que a primera vista era lo mejor para todos: el abandono del Derry City de la NIFL Premiership. Un peligroso precedente que tuvo que aceptar la UEFA, por el bien del fútbol.

El Dundalk avanzó hasta los octavos de final, tras ganar en dieciseisavos al Hibernian maltés, pero en su camino se cruzó el Celtic de Glasgow, un equipo con el que hubo mucho mejor ambiente, qué duda cabe.

Fernando N.

Fernando N.

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