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La violencia golpea el fútbol paraguayo

BeSoccer por BeSoccer @besoccer_es - 0 792

La violencia golpea el fútbol paraguayo

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Los asesinatos, las peleas y el vandalismo se han convertido en una seña de identidad de los ultras del fútbol paraguayo, conocidos como 'barras bravas', un fenómeno que se ha cobrado siete víctimas mortales y 17 heridos graves en enfrentamientos entre grupos rivales en los últimos tres años.

El homicidio de un joven de 23 años, abatido a disparos por otro hincha en una batalla entre ultras del Cerro Porteño en la última jornada del Apertura, levantó las alarmas de un problema social que rodea los estadios de primera división de Paraguay.

Según los datos ofrecidos a 'EFE' por la Policía, en las últimas tres campañas se han producido 342 detenciones de personas involucradas en altercados de 'barras bravas', que forman parte de las aficiones de al menos seis de los clubes más importantes del país.

Comando y La Plaza, los dos grupos ultras del Cerro Porteño, son dos de las facciones más violentas del fútbol paraguayo, junto a las tres escisiones de Olimpia (Ultrasur, La Mafia y Siempre Presente).

Además, el Sportivo Luqueño cuenta con la Barra Luque y la de los Chancholigans, mientras que Guaraní y Libertad tienen a sus ultras unificados en un único grupo.

La consolidación de las 'barras bravas' en Paraguay es un fenómeno que se inició en la década de los 90, cuando se comenzó a adoptar el fanatismo propio de las hinchadas europeas, según explicó a 'EFE' la psicóloga especialista en el deporte Gloria Peters.

La docente de la Universidad Autónoma de Paraguay relató que las 'barras' se nutren principalmente de adolescentes y jóvenes, menores de 30 años, que presentan una "necesidad de pertenencia e identificación" con un grupo social.

Para la especialista, la ausencia de "inteligencia emocional", sumada al "consumo de narcóticos y alcohol" son dos elementos determinantes para comprender la "exaltación de la conducta" que experimentan sus integrantes.

"A lo largo de la semana pueden ser trabajadores normales, pero cuando llega el día del partido se convierten", relató.

En ese sentido, Peters subrayó la "manipulación psicológica" a la que son sometidos por parte de los líderes, cuyas "personalidades narcisistas o sociópatas" son claves para la captación de nuevos adeptos.

"Las pruebas de iniciación son el modus operandi para introducir a los nuevos integrantes y que tengan un compromiso con el grupo", indicó la psicóloga, en referencia a las agresiones que les obligan a llevar a cabo para enrolarse en las 'barras'.

Además de los enfrentamientos entre miembros de grupos rivales, Peters también recordó que la violencia se extiende a toda la sociedad con "actos vandálicos como el destrozo de viviendas o centros comerciales" que persiguen "infundir terror" a la población.

Asimismo, la psicóloga recordó que los clubes de primera división se enfrentan a diario a la "paradoja" de condenar la violencia pero mantener a las hinchadas que "están bailando durante los 90 minutos".

El comisario Eliseo Gaona, responsable de los operativos policiales en los eventos deportivos, explicó a 'EFE' que el número de agentes desplegados en un partido puede variar desde los 150 en encuentros con poco riesgo hasta los 1.500 para los de gran rivalidad.

Sin embargo, señaló que en algunos estadios tienen dificultades para cubrir las inmediaciones, debido a su "posición geográfica", cuando están rodeados de calles con "casitas precarias" que son más difíciles de controlar.

El comisario reconoció que para preparar los operativos hablan directamente con los líderes de las 'barras bravas', a quienes marcan un itinerario obligatorio de llegada a los campos y una ruta para escoltar las caravanas de autobuses.

"Aquellos que no cumplen es cuando se produce un desborde", explicó Gaona, quien aboga por endurecer el marco penal para aplicar "sanciones más severas" a los responsables de los disturbios.

Desde 2016, en Paraguay rige la Ley contra la Violencia en los Estadios Deportivos, una norma que prohíbe el ingreso a los estadios bajo los efectos del alcohol y los estupefacientes, así como portar armas o petardos.

Sin embargo, llevar armas de fuego o elementos cortantes está sancionado con penas de apenas entre cuatro y ocho meses de prisión y con una prohibición de entrada al estadio por un periodo máximo de un año.

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