Los errores se pagan doble en un 'Clásico'

Un Real Madrid-Barcelona no es un partido más. Todo se magnifica ante la mirada de millones de personas, aciertos y errores. Y precisamente eso ocurrió en el césped del Santiago Bernabéu, errores.
Error de Eduardo Camavinga que le costó un gol al Real Madrid. Y error de Ansu Fati, que le costó no marcar el segundo al Barcelona. Se quedó el marcador en un 0-1 que deja la semifinal muy viva para el Camp Nou.
El que no haya visto el partido puede pensar que el Barcelona fue mejor, porque se llevó la victoria. Pero el que estuviese pegado en la pantalla, o en el campo, sabe que el Real Madrid dominó y se marchó de vacío sin saber por qué.
El Real Madrid dominó de manera aplastante durante los primeros 24 minutos de partido. Y durante los primeros 25 de la segunda mitad. Pero, como si tuviese un interruptor en la cabeza, el juego se apagó.
Pocas veces se ha visto a un Barcelona tan disminuido como el que se vio en el Camp Nou. Se vio dominado, hizo del Real Madrid en otros 'Clásicos' pero se llevó la victoria en feudo blanco.
Todo cambió cuando Vinicius se empezó a preocupar más del arbitraje y menos del juego per se. Empezó a perder ahí el partido el Real Madrid, cuando el brasileño dejó de intentar encarar a un inconmensurable Araujo.
Le tiene minada la moral el uruguayo al extremo del Real Madrid. Sabe Xavi que es la kriptonita de Vinicius, que le tiene demasiado respeto como para encararlo una y otra vez, como sí hace con otros rivales.
El Madrid se despistó en cuestión de dos minutos. Los que pasaron de la amarilla por ippon de Vinicius al error de Camavinga. El francés erró en la salida del balón, le regaló el cuero a Ferran y este encontró a Kessié para, con fortuna, marcar con el tanto en propia de Militao, que tuvo la mala suerte de darle al balón tras la parada de Courtois.
Desapareció ahí el Real Madrid. Se empeñó en buscar el balón por dentro en vez de buscar a su jugador más determinante. Y ahí el Barcelona plantó un armazón de cemento con Marcos Alonso y Koundé, inconmensurables en el área de Ter Stegen.
Como si se tratase de una fotocopia, el Real Madrid volvió al césped con trabajo por hacer pero con la lección aprendida. Volvió a realizar una presión altísima, no dejó salir al Barcelona de su propio campo y encimó una y otra vez las inmediaciones del área del Barcelona.
Pero le pasó lo que tantas veces le ocurre precisamente a su rival de esta noche, al Barcelona. Tocó, tocó y tocó pero no encontró los espacios ante el Barcelona más defensivo que se recuerda.
Si fue un calco el inicio del Madrid, también la que pudo ser la sentencia del Barcelona en el partido. Ferran, el mejor en un casi desaparecido ataque azulgrana, encontró el espacio para pasar a Kessié. Este, totalmente solo, batió a Courtois, pero no a un Ansu Fati que se vistió de blanco sin querer.
Desesperado, el Real Madrid metió todo lo que tenía en el campo para dar la vuelta al marcador. Pero lo que no sabía, al menos hasta el pitido final, es que ese plan de partido se le había agotado y no era capaz de encontrar las vías de agua azulgranas.
Resistió el equipo de Xavi hasta la extenuación. Se vio a un equipo entregado en defensa y se hizo con una victoria que refrenda el plan azulgrana, el de la metamorfosis.