Ucrania aprende de qué va esta Euro

Esta Eurocopa no va de lo establecido. No se decantará o, al menos, no ha demostrado que vaya a hacerlo, por que una convocatoria cuente con bastante más calidad que la otra aunque esto haya accionado ya algunas victorias. La fase de grupos ha lanzado varias advertencias a las expediciones que se han personado en Alemania y una de las llamadas a ofrecer un buen papel, Ucrania, aprendió la lección de lo lindo en la sobremesa de este viernes, cuando firmó una victoria por 2-1 contra Eslovaquia.
Los amarillos llevan dando de qué hablar a los análisis y los pronósticos desde hace semanas. Los principales responsables son Artem Dovbyk y Viktor Tsygankov, que han brillado con el Girona esta temporada, además de Andriy Lunin, que desbancó a Kepa Arrizabalaga en la pugna por el puesto de Thibaut Courtois en el Real Madrid. En parte, la apuesta por ellos podía antojarse arriesgada, pero hay que reconocer que es comprensible que la afición se ilusione con jugadores que han hilado alrededor de nueve meses de buen rendimiento casi ininterrumpido.
Es por esta presión, quizá, que los de Sergiy Rebrov decepcionaron en su puesta de largo. Se presentaron frente a una Rumanía que abrigaba nombres de bastante menos enjundia para sus alineaciones y se llevaron un severo correctivo por 3-0. Era el primer aviso: en este campeonato, va a valer o, como mínimo, está valiendo mucho más entregarse al roce que intentar mantener las situaciones bajo excesivo control.
Algunas de las favoritas apoyan esta tesis. La precocidad de las bandas de España se ha traducido en una ecuación irresoluble para las defensas de Croacia e Italia, mientras que una Inglaterra plagada de talento, sobre todo de mediocampo en adelante, se ha dejado llevar por una pizarra demasiado lenta que ha privado a sus estrellas de brillar. Ucrania, en su posición de 'underdog', se forzó más de lo que debía a mandar y funcionó en cuanto olvidó un poco este rol autoimpuesto.
Tardó unos 140 minutos, o sea, dos partidos y medio más los alargues, pero lo hizo. En la segunda jornada de la fase de grupos, derrotó a Eslovaquia a través de una remontada que halló en la segunda mitad su sede gracias, en gran medida, a que sus representantes se entregaron a una propuesta más directa, con más fe en el balón en largo, y menos pendiente a que entraran en escena aquellos que se suponía que debían entrar. Lo coral superó a lo individual.
En el plano de nombres propios, eso sí, hay dos destacables y son los de Zinchenko y Shaparenko. El lateral del Arsenal ofreció brillos y sombras. Las sombras -o la sombra, en singular- se dio a los 17 minutos del comienzo, cuando se equivocó al saltar a por un centro de Haraslin y dejó, a su espalda, libre de marca a Schranz. El '26' ya había marcado ante Bélgica en el estreno y repitió la operación con un remache plácido usando la frente.
Los de amarillo, tensos, con temor a equivocarse; en efecto, se equivocaron. Su debilidad defensiva no era una novedad y ya caracterizó el enfrentamiento con Rumanía -a Lunin le costó la titularidad en favor de Trubin-, pero, en el fútbol de selecciones, es comprensible que haya ciertas descompensaciones porque las alineaciones no dependen del mercado de fichajes, sino del pasaporte, de modo que hay que trabajar con la materia prima sin complejos. Si asumir riesgos atrás se traducirá en más opciones, la máxima habrá de aplicarse.
De hecho, Ucrania estuvo a punto de encajar el gol del empate en el tiempo de descuento, cuando el rechace de un saque de esquina le cayó a Denis Vavro, que no es un especialista y no voleó bien el cuero. Este tipo de situaciones, ratos atrás, no habrían sucedido porque el equipo de Sergiy Rebrov no se habría entregado a este frenesí del que exprimió los dos goles con los que se llevó los tres puntos, que pueden ser la antesala al boleto a octavos de final incluso por la vía del liderato.
Pudo haber incluso más dianas. Lo atestiguan dos disparos al palo, aunque no es posible dar por hecho que, de haber entrado esos balones, habría habido más tantos: no es posible viajar atrás, al 34', introducir un tiro cruzado de Tymchyk que rebotó en la madera, y reproducir el resto de la cita con el mismo guion. ¿Y si eso hubiera soliviantado a los eslovacos? ¿Y si hubiera habido una sustitución que alternara la dinámica?
Lo que es seguro es que la nómina de impactos con los postes evidencia que la 'Zbirna' presumía de mimbres de sobra para jugar esta Euro como la pelota está demostrando que se tiene que jugar. Mudryk ofreció el otro "uy" con el luminoso ya en 1-1 en la culminación de una contra en la que se quedó casi sin ángulo y tuvo que remachar, como pudo, hacia el primer espacio cubierto por Dúbravka, seguro bajo su tejadillo a pesar de encajar en dos ocasiones.
La primera, en el 54', corrió de la cuenta de Shaparenko, ese miembro de la dupla que, párrafos atrás, estas líneas mencionaban que sería de gravedad. El centrocampista interpretó a la perfección cuándo tenía que llegar, en segunda línea, a la caja contraria para conectar con una asistencia tensa de Oleksandr, que se redimió así de su error del cuarto de hora inicial. Poco se pudo exigir a los guantes, sin margen de reacción.
Más adelante, Yaremchuk premió otro acierto de Shaparenko al pinchar un balón bombeado a la espalda de Skriniar y, en apenas un par de baldosas de distancia, definirlo lo suficiente para que el acercamiento de Dúbravka fuera infructuoso. Este fue otro de los atrevimientos en los que el cuerpo técnico encontró tesoro: sustituyó a un Dovbyk con vitola de intocable y su recambio marcó el gol de una victoria crucial.